martes, 4 de octubre de 2011

Todos ganan. El pueblo ¡NUNCA!


Primera parte.

Resulta curioso el como hace unos pocos días nos levantamos con la noticia de que los Estados Unidos detecta fallos en las agencias de calificación. Y van y lo dicen ahora, después de que estas mismas agencias de calificación de la nota de la deuda calificasen a Grecia a la baja. Por cierto, agencias de calificación cuyos clientes -agencias de inversión- son los que le van comprando la deuda a países como España, Grecia o Portugal. Eso cuando alguna agencia inversora no es una de las mayores accionistas de estas agencias. Total, el que tiene dinero gana.

Y mientras, los Estados para poder hacer frente a las imposiciones de dichas aseguradoras e inversoras se ven obligados –no sin antes ser antes cómplices de toda esta malaña, ya que lo permiten y eso cuando no son parte del pastel, lo que a mi juicio les hace ser culpables- a tomar medidas de recortes sociales. Así pues, vemos como respuesta al pueblo multiplicando las protestas en las principales plazas de las ciudades de los países capitalistas, que son los que precisamente más se están viendo afectados por dichas reformas. Respuesta del Estado: represión policial.

Segunda parte.

Los marines vamos a Wall Street… a proteger a los manifestantes. Así nos levantamos ayer día 3 de octubre al ver que la policía, detuvo a 700 manifestantes que protestaban ante la meca del capital, los que “nos gobiernan”. Mientras el Estado, -capitalista-, hace bien sus funciones, proteger a los mercados. Y para proteger a los manifestantes, pacíficos por cierto, llegan los marines símbolo lucha norteamericana diciendo “esta es la segunda vez que lucho por mi país. Es la primera vez que conozco a mi enemigo”. La pregunta que dejo para mi propia reflexión es:

Ahora que conoces al enemigo, ¿darías media vuelta cuando te obligasen a bombardear Libia? En caso de saberlo en los años 60 ¿l a hubieseis dado en Vietnam?

lunes, 3 de octubre de 2011

Pedagogía para la economía

La primera clase empezó cuando el profesor de Sistema Económico Mundial nos planteó a la clase que, por grupos, elaborásemos unas líneas en común sobre lo que a nuestro criterio había sido nuestra formación académica. La pregunta a priori nos pareció muy amplia, sin embargo, desde un principio tuvimos claro que nuestra limitación temporal transcurriría en el ámbito universitario.

Algunas de las quejas, porque como bien señaló nuestra apuntadora “nos sentíamos más cómodos cuando había que criticar”, vinieron del análisis a los propios profesores y profesoras en tanto en cuanto procede su manera de transmitir información y evaluar a los alumnos y alumnas.

“Nos pareció medieval” que todavía siga siendo un elemento fundamental pedagógico, el que una persona se limite a transmitir datos y nociones sobre una asignatura y que al final del trimestre o curso a través de una sola prueba se evalué al alumnado sin tener en cuenta el esfuerzo ejercido, -o no- durante todo el año. Tampoco podíamos entender el nivel de “egocentrismo” de cierta parte del profesorado cuando, como parte fundamental de la bibliografía de su asignatura, te recetan uno de sus libros, como si antes de la existencia de tan noble ejemplar dicho autor no hubiese enfocado sus estudios en pensadores anteriores. Pero bueno, eso cuando no les da por exponer un “power point” donde lo que puedes obesrvar es exactamente lo mismo que te está contando, porque si ves lo que te dice para qué te lo cuenta, o viceversa.

Otro aspecto señalado por el grupo, y en cierto modo ligado a las críticas del párrafo anterior, son los planes de estudios que avalan todas las críticas expuestas en el ensayo y que dejan en evidencia los procesos poco democráticos con los que son implantados actuales planes de estudio donde la intervención de los actores en dicho ámbito (estudiantes, padres y madres de alumnos, profesoras…) es prácticamente nula. Como bien diría el refrán popular, “de aquellos barros, estos lodos”.

Y de aquí mi pequeño homenaje a Antón Seminonovich Makarenko, pedagogo ruso que pasó a sus “educandos”, de niños/as delincuentes a personas y héroes antifascistas como médicos, pilotos, maestros o arquitectos, gracias a sus métodos pedagógicos de participación activa, volátil y real donde la voz de cada uno valía igual que la de su compañera.